Historias que vuelven cada tanto a la cabeza y que perderlas sería una lástima
19.12.09
Cosas que pasan sin querer
–Bueno.
A paso tranquilo regresé a la casa. La galería era depositaria de los pocos muebles del hogar y estaba baldeada, desde adentro salía un sonido de escoba contra el piso y emergían salpicaduras desde la puerta. Marta estaba en pleno trabajo y su cara denotaba satisfacción.
–Falta el baño nomás.
–Bueno, espero afuera.
–No, pase y mire como va quedando.
Entré y noté el cambio, mi casa estaba limpia y olía diferente. Ofrecí cargar el balde y Marta aceptó complacida. Busqué la escoba y la ayudé pasándola por las paredes del baño, las telarañas se enredaban en las pajas y debía salir a limpiar la herramienta. La chica se esforzaba por sacarle brillo al piso de cemento y por primera vez le encontré cierta belleza, tal vez producto del agradecimiento. En cuanto se agachó para limpiar el inodoro no pude evitar apoyarme sobre su cola carnosa.
– ¡Ay don Joaquín! ¡Déjeme limpiar! Me dijo entre risitas. Mis manos tomaron sus pechos, su respiración se agitaba, más aún cuando mi mano hurgó bajo su pollera. Con cierta brusquedad tomó mi miembro y lo presionó con toda su mano, luego se sacó la bombacha y se apoyó en el lavatorio. –Venga, Me susurró mientras alzaba una pierna y la apoyaba sobre el inodoro. Yo fui. Diez minutos después volvimos al trabajo y dejamos el baño respetable.
–Tu mamá me dijo que te necesitaba.
–Ahora voy, cuando termine.
Cuando quedé solo era casi el mediodía, saqué agua del aljibe y me di un merecido baño sobre el piso aún mojado, aunque limpio esta vez, de la galería.
11.7.09
YA SALIÓ -UNA COSA LLEVA A LA OTRA-


¨ Una Cosa lleva a la otra ¨ es una novela con variadas virtudes, pero sobre todo la de no intentar ser pretensiosa.
Saubidet desarrolla en ella una trama que bien podría no ser de ficción.
Aquí el escritor no deja escapar su espíritu periodístico, con retratos que nos resultan reales, creíbles; incluso familiares.
Personajes tales como Roberto pueden, perfectamente, representar a una buena parte de un empresariado vulgar y mezquino, cuyo único sostén de poder es el dinero. Una neo-burguesía que no sólo somete a sus empleados, sino que absorbe sus vidas al punto de intentar que se mimeticen con sus patronos, aunque sólo en sus miserables existencias.
En las antípodas, Julián o ¨ El Pichu ¨ son de esos personajes del post-menemato que pueden encontrarse en cualquier esquina, ya sea solazándose en un porro placero o ¨ poniéndole caño ¨ a su víctima de turno. Son víctimas, además de victimarios.
Cruz Saubidet revela sin rodeos el submundo de una Argentina que ha hundido sus valores elementales en la sórdida letrina de la no cultura del trabajo, del desamparo social, de la banalidad y la falta de proyectos. Y Saubidet los denuncia a través de su ficción, adopta un modo de relato casi auto-referencial, en primera persona, haciéndose cargo de la fuerza de sus palabras: Corrupción policial y política, la pauperización de los sectores más vulnerables de una sociedad que observa pasmada como su seguridad pende de un hilo, pero que a la hora de ¨ graznar ¨ una opinión, utiliza una tijera moral cortando por el segmento más delgado del cordel.
¨ Una Cosa lleva a la otra ¨ es – antes que nada – una novela creíble. Pero esto en sí mismo no es la virtud fundamental, sino que el mayor atributo que emana esa condición es que cada lector puede suspender su incredulidad gracias al hábil y cautivante relato de nuestro escritor santafecino.
Pasen y lean.
Vale la pena internarse en las páginas de ¨ Una cosa lleva a la otra ¨
Eduardo Molaro
Poeta / Escritor / Compositor / Productor artístico y amigo personal de CJS.
Buenos Aires – Abril de 2009
3.7.09
Llamarse Cruz es una mierda
La soledad es el deseo de estar acompañados, pero no por cualquiera, la soledad es una necesidad de estar con quien no estamos.
Las palabras mezclan impresiones cruzadas de sentimientos absurdos buscando darles un sentido práctico.
Cuando mezclo soledad con palabras surge esto, que no es nada. Escribir es escapar de la soledad o del absurdo.
Soledad es también mi hermana, aunque eso es culpa de mis padres que así la bautizaron. También pusieron Rosario a la mayor y sin embargo es la más conversadora. Soledad es la más sociable, la más necesitada de personas alrededor, debe ser por el nombre.
Constancia es la de mayor empuje, la que acepta las cosas como vienen, total, siempre hay posibilidad de cambiarlas a gusto y placer. Ella hace honor a su nombre, tiene siempre nuevas metas que conseguir, y las consigue. Se podría llamar Tormenta, pero Constancia le queda bien.
Me quedan Pedro y María, ambos nombres de peso, pero voy a esperar a que pasen la barrera de los treinta.
A mí, me pusieron Cruz y no hace mucho caí en la cuenta de lo que significa llevar ese nombre a cuestas. Aunque no estoy seguro de estar seguro de lo que significa.
Creo que he luchado contra mi nombre toda mi vida, todos luchamos contra algo, pero llamarse Cruz no es una tarea fácil.
Una cruz es algo pesado e incómodo. Cargar una cruz significa sufrimiento, hacer cosas que uno no quiere y, en el sentido bíblico, morir por ella.
Mi lucha contra mi nombre fue siempre esa, inconscientemente, no quise ser la cruz de nadie. Pedir favores no es mi estilo, incluso a veces pienso que me cuesta demasiado.
Llamarse Cruz es una mierda.
PD: Para colmo de males, en este país, si no le pongo el Mr. Por delante todos piensan que soy nena.
19.5.09
DEBUT SOBREVALUADO
A partir de los trece años es donde las amistades comienzan a reforzarse y es allí donde el debut sexual juega un papel importante. Es una competencia no declarada, pero a su vez una carrera sin freno hacia el liderazgo en esas lides. Desde ya que los grupos en competencia suelen ser pequeños. Nunca podríamos competir con toda una división del colegio porque no faltaría el que debutó a los 11 años con una prima o al que su padre el día de su cumpleaños de doce lo llevó donde una puta conocida para que le desvirgara el nene.
Quizás los grupos de amigos tengan preferencias sexuales en común, o tiempos sexuales. Puede ser, aunque no es importante.
El debut sexual está sobrevaluado, muchos lo hubiéramos tratado de olvidar de no haber sido por el factor “compartirlo con los amigos” y sus exageraciones correspondientes.
La mayoría de mis amigos debutaron en conjunto con sus novias de ese momento y comenzaron a disfrutarlo después de superar muchos miedos y nerviosismo.
Yo no, yo debuté con una mujer de vasta experiencia e ínfima belleza, pero que supo guiar mis movimientos sin hacerme sentir un ignorante. Sin embargo, mi comienzo no fue bueno, la única emoción con que contó fue el hecho de “meterla” en un lugar diferente a la concavidad de la mano (y un poco más húmedo). Pero la idea era comenzar y ser el primero y eso lo conseguí.
Pero, ese comienzo tuvo su lado negativo. Me costó mucho tiempo poder unificar sexo y amor como una cosa maravillosa. Ese debut falto de emoción, me generó un egoísmo y desinterés para con mis parejas que me duró mucho tiempo.
Posiblemente no se haya tratado de eso, pero me gusta echar culpas para cubrir mis falencias inexcusables.
Lo más probable es que me haya mostrado desinteresado con ellas porque efectivamente lo estaba, pero debí esperar muchos años para sentir el amor como corresponde.
También puede ser verdad lo que dice un amigo psicólogo que tengo:
Me parece, Cruz, que lo tuyo era “hijoeputez” nomás. Yo no quiero creerle.
Cruz J. Saubidet®
17.3.09
A veces la poesía es una mierda 2
Paralela venía la música y la disyuntiva entre disfrutarla o crearla. Siempre fue un placer escuchar buenos compositores e intérpretes. Mi capacidad musical estuvo limitada por el desacierto. No me sentiría tan malo si no tuviese las referencias que tengo. El Filósofo y el Genio, eran muy buenos, pobres, algo trataron de enseñarme mas no fueron exitosos.
Cruz J. Saubidet®
16.3.09
A veces la poesía es una mierda 1
A veces me divertía mucho, a veces era el centro de las reuniones y cantaba y tocaba la guitarra, solo a veces, solo cuando tomaba vino tinto, que aunque no me gustaba, lo necesitaba para desinhibir mi parte expresiva.
Quise ser poeta, pero no pude ser ordenado, había que serlo para escribir. A veces me despertaba a las cuatro de la mañana, me hacía unos mates y escribía. En Formosa escribí mucho, pero es fácil cuando uno está así, solo, angustiado y sin muchos libros. Salieron cosas lindas y algunos versos interesantes también se generaban en las madrugadas.
“La poesía debe definir las cosas, debe mostrar las cosas tal como las vemos” Me decía Pancho Muñoz, o tal vez Korenblit, en unos cursos que dieron en el “Rojas”. Me gustaba definir el agua como algo que siempre cae, no era una idea mía, algún poema ya lo había dicho.
Definí una noche, el amor:
se hace esperar y siembra esperanzas/ busca mi arraigo/ la idea de quedarme donde estoy/ si me voy/ o me abandona/ no me perdona/ como soy.
No era mi estilo, yo hacía rimas consonantes, pero esa noche me salió eso.
Quedó en el cuaderno hasta que opté continuarlo, ya no fue tan puro:
Es el reflejo a que uno teme/ vergüenza propia/ dividir uno en dos partes/ y rescatarte de soledades/ ver verdades y contarte.
Nunca se anuncia cuando aparece/ cuesta mil dudas/ momentos de profunda desazón/
Y el corazón movilizado/ busca a su lado la pasión.
No me disgustó, que ya era bastante.
Cruz J. Saubidet®
7.4.08
Viaje
Estiré las mandíbulas un par de veces y marché por el pasillo. Ya estaba oscureciendo, el lugar en que nos detuvimos no expresaba la cercanía a ninguna cuidad, solo en el horizonte, se comenzaban a vislumbrar las montañas. Ya estamos cerca pensé mientras prendía un cigarrillo.
Ver las montañas me llenó de alegría. Toda mi vida, el hecho de apreciar la primera señal física del destino, me llenó de felicidad. En los viajes a la costa con mi familia, la primera imagen del mar, desde el auto y a muchos kilómetros del destino me borraba de un plumazo todo el cansancio y el mal humor.
Me quedé un rato parado mirando hacia el oeste, mi mente había eliminado cualquier situación que no perteneciera al viaje, no me acordaba de mi familia, el colegio incluso de mis amigas, no me quedaba la mínima resaca de los besos con Gabriela.
Pedí agua caliente en la barra del bar y me compré un alfajor en un quiosquito cercano (más barato que el bar), me preparé el mate y sentado en una paresita cerca del colectivo, solo, me sentí feliz por primera vez en mucho tiempo.
Sin desbandar el silencio, se arrimaron el Filósofo y el Camiseta, los sumé a la ronda de mate. Me sentía muy bien como para romper el silencio y ellos lo respetaron, a los diez minutos subimos al ómnibus.
30.11.07
LA IMPORTANCIA DE LOS AMIGOS-EL LOCO-
Con ella vienen amigos
Que siguen muy dentro mío
Aunque poco ya los veo
Son todos muy compañeros
Si hace falta, están conmigo.
El colegio secundario se abrió ante mi vista más que nada como una liberación. Grato fue encontrarme en primer año con chicos con los que había hecho sexto y séptimo grado, que por cosas del destino habían recaído en el más Jesuita de los colegios de la ciudad. No voy a negar que me atemorizara un poco todo, pero como siempre he hecho, me las fui rebuscando para ser un poco diferente al resto. Ya de por sí cargaba con mis kilos de más y mi pequeño tamaño. Si me hubiera imaginado que con los años superaría en altura al noventa porciento de la clase mi panorama habría cambiado, mas en ese momento era de los más chiquitos y lampiños. Como relaté con anterioridad, nunca obedecí, por lo tanto me las tenía que arreglar para aprobar las materias con el mínimo esfuerzo posible. Lo conseguí, en los cinco años no estudié casi e hice un decoroso secundario, lo que me lleva a pensar que de haberlo hecho, la bandera se hubiera posado en mi hombro. Aunque no creo, ya que mi conducta rebelde me tuvo cada año al borde de la expulsión.
El colegio secundario significa amigos y esa es su principal función. Durante el primer año todo es prueba y error, o al menos se produce un descarte natural de manera que solo quedan algunos que valen la pena.
El Loco entró en mi vida entre los primeros, ya nos conocíamos del curso de confirmación en la parroquia del barrio y, al compartir el “1º C” y ser vecinos, todo surgió de forma natural.
Me abrió un panorama desconocido, el del último proceso militar y las bestialidades que el poder de turno había hecho con la gente buena. Por supuesto que su versión estaba signada por el asesinato de su padre en un asentamiento guerrillero en Tucumán y los ocho años de prisión que sufrió su madre. Esto lo obligó a pasar su infancia con su hermana menor y sus abuelos maternos, una familia acomodada dueña de una gran mueblería de la ciudad. Cuando lo conocí estaba en la etapa de reencuentro materno y todavía no estaba tan enojado. Por supuesto era un ser especial, muy activo y alegre, que usaba palabras que no pertenecían a mi vocabulario cotidiano. Cuando le decía alguna barbaridad él respondía “no podés ser tan canalla” y esas palabras sociables impidieron peleas que nos habrían separado de por vida. Sufría de un particular misticismo religioso, a él siempre le sucedían cosas sobrenaturales que contaba con seriedad y certidumbre y que, me asustaban un poco. Estaba convencido de ser un elegido, aunque todavía no sabía el motivo de tal elección. A pesar de sus ideas, en algunas situaciones se portaba de forma desmesuradamente racional, quedaba esto demostrado en su pasión por la ropa de moda, su pelo y su relación con las mujeres. Era un ganador nato, les conversaba un poquito y ya las enloquecía, a los trece años salía con una de quince que se desvivía en atenderlo y dispensarlo. Con él conocí la noche y las locuras de adolescente. Salíamos todos los fines de semana y nos colábamos en fiestas de personas desconocidas luego de falsificar invitaciones.
Nos fuimos integrando a nuestras respectivas familias. La suya era silenciosa y profunda, la mía un desorden continuo e impregnada de libertades.
El Loco tenía un gran amigo, grandote y oscuro, el Negro. Me incorporé pronto a su amistad aunque ellos dos me superaban en osadías, parecían no tener miedo de nada. El Negro no iba a nuestro colegio aunque vivía en el barrio. Al principio le tenía un poco de bronca. Recuerdo una fiesta en su casa donde me quedé sin pareja de baile y me fui apesadumbrado.
Yo no estaba acostumbrado ni preparado para el exceso de amistades y el Loco parecía poder con todo y con todos. Con el tiempo me transformaría yo en un maestro de la disociación pudiendo con todos mantener una cordial relación, pero faltaba bastante. Creo que él fue mi primer gran amigo, el primero que me hizo sentir contenido sin importar grados de entendimiento o diferencias políticas.
[adolescencia]
adolescencia
6.7.07
El primero de mis amores, Final
Vamos mal, pensé. Insistí a los dos días y fue igual. Se arrepintió de todo, supuse. ¡Que hija de puta! Pero como me gusta. Mis sentimientos encontrados me impedían pensar mucho por lo que resolví un operativo: Me declaré en huelga de hambre, solo iría al colegio, no visitaría amigos y dormiría la mayor cantidad de horas posibles.
En casa se extrañaron mucho porque yo en ningún momento hice el anuncio oficial de mi drástica medida. De un día para otro se encontraron con que no comía, casi no hablaba y lo más extraño: pasaba todo el día en casa. Yo no lloraba ni demostraba tristeza, solo silencio y soledad. A veces pasaba el Filósofo por casa y nos tomábamos unos mates, yo le contaba en que andaba y él repetía: ¡Que cagada!.
Iba seis días en ese estado. En el recreo me llamó el Loco, quería hablarme.
-Te quería contar, para que no te enteres por otro, que ayer a la noche nos abrazamos y dimos unos besos con BS.
-¿Y?, ¿Qué querés que haga? ¿Que me tire pedos en colores?
-¡No seas boludo!, yo se que te gusta BS y no quiero que nos peleemos porque estoy saliendo con ella.
Lejos de mí disgustarme con el Loco porque salía con BS, yo también había hecho mis intentos y mis logros a sabiendas de su interés.
-No te preocupes, no me pone contento esto, pero no me voy a enojar con vos ni nada parecido. En todo caso con ella sí me podría enojar.
Estaba enfurecido con ella, no me parecía lógico que diez días atrás estuviésemos revolcándonos a la orilla de la laguna y ahora esté noviando con el Loco.
Más tarde le pregunté al Filósofo si le había contado todo al Loco.
-Solo de tu enamoramiento, el resto no me pareció necesario.
-¡Bien Filósofo!, Nunca una palabra de más o que pueda molestar.
Ya no tenía sentido seguir en huelga de hambre, estaba todo perdido. No me extrañó el cariñoso llamado de BS. Me decía que me quería, aunque estaba enamorada del Loco. Que la perdonara por lo del otro día y que por favor no le contara nada a su nuevo novio. Yo no pensaba hacerlo, sin embargo, se me pasó por la cabeza mentirle que ya se lo había dicho. Todavía estaba enamorado y solo le dije un “Bueno” cortante.
Ya no me sentía tan mal. La novia del Loco había pasado por mis manos incluso me provocó una eyaculación maravillosa y recorrí sus partes más vedadas con mis dedos. No estaba tan mal.
Así y todo mi enojo para con ella no se pasaba por lo que decidí retirarle la palabra. Y lo cumplí, no fui agresivo, solo dejé de dirigirle la palabra. No se merecía mi atención. No se le hace eso a un espíritu noble.
A pesar de mi silencio nos seguimos viendo, como evitarlo si era la novia de uno de mis mejores amigos y además amiga de mi hermana. Las primeras veces me costó un poco pero con el tiempo me salía hasta con naturalidad. Ella me pedía que le hablara, que me “quería mucho”, que “no sea malo”; yo seguía inmutable. A pesar de que solo el Filósofo sabía la verdad de lo sucedido, todos sospechaban que esta chica me había hecho algo feo. Era indudable que mi silencio no era cómodo en las reuniones y poco a poco, juro que no fue mi intención, fueron apartando a BS y al Loco del grupo. Al Loco lo querían todos, el problema era la novia, por esa razón el Camiseta lo incitó a que viniera solo alguna vez. Lejos de ofenderse comenzó a venir sin compañía y todo volvió a la normalidad. Gracias a Dios, mis amigos, amigas, incluso el Loco; prefirieron mi presencia, decisión que, sin quererlo, les había obligado a tomar.
A pesar de mis esfuerzos, por un tiempo prudencial no hablé con el Loco de su noviazgo. Cuando las aguas se aquietaron e incluso yo salía con una amiguita cariñosa, el diálogo retornó a sus cursos normales.
-¿Ya te la clavaste? Pregunté en una de nuestras charlas profundas.
-Se puede decir que hicimos el amor sin penetración.
-¿Cómo sin penetración?
-Nos sacamos la ropa, nos tocamos y acabamos, pero no se la metí.
-¿Por qué?
-Porque no quisimos. Yo quería metérsela toda, a ella le daba miedo.
-¿Es virgen todavía?
-Sí.
Que raro, pensaba, en nuestro encuentro no tuvo actitud alguna que demostrara su virginidad, diría que la forma en que acariciaba y jugaba con su lengua no era de una chica virgen.
-¡Ya está entonces!, La próxima seguro té la clavás, ¡presione Loco, presione!
Fueron bastante tiempo novios y yo nunca volví a hablarle.
FIN
Primera parte
Segunda parte
Tercera parte
Extracto de MISERIEDAD® Cruz J. Saubidet 2005
[sexo] [erotismo] [historia] [adolescencia]
erotismo sexo historia adolescencia
30.5.07
El primero de mis amores, Tercera parte
Llegó mi hermana.
–Che, ¿Por qué no te quedaste a la fiesta?
–Tenía que ir a la cancha.
–Vos siempre haciendo esas cosas. ¿Qué le pasaba a BS, le hiciste algo?,
–No, se enojó un poco porque no me quedaba a la fiesta de nuestros chiquitos, pero yo había quedado con el Negro, así que no podía hacer nada.
-Estuvo buenísima la fiesta, bailamos, comimos empanadas. Sos jodido,¿por qué no te quedaste?
-Otra vez, ¡no me hinches las bolas!, Ya te expliqué, me fui a la cancha. Y no creo que siga yendo a dar catequesis. Los curas me tienen las bolas llenas.
-Papá, escucha como habla. ¡Decile algo!
-Bueno, juicio. Expresó mi padre con una semi sonrisa. -¿Por que no van a buscar unas pizzas? Parece que nadie va a cocinar acá.
-Vamo filo. –Va.. vamos nomás.
La pizzería estaba en la esquina, hicimos el pedido y nos tomamos un *liso entre los dos mientras la esperábamos.
-¿Ves esta mancha? No es de fábrica. Le conté lo que había pasado. Con el Filósofo tenía la libertad de exponer libre mis tristezas, tal vez por su optimismo permanente o porque jamás juzgaba. Se puso serio y con cara preocupada.
-No te puedo creer. ¡Que cagada boludo! ¿Estuvo bueno?
-¡Increíble! Pero estoy más enamorado que antes.
-Que cagada.
No me animé a peguntar el por qué de su preocupación porque ya lo sospechaba: El Loco.
Mi corto pasado de desilusiones amorosas me recordaba a Mariana, de la que me enamoré en una fiesta y que a su vez estaba enamorada del Filósofo. Hice algunos intentos fallidos con su autorización y luego la olvidé o al menos dejó de importarme. Al Filósofo tampoco le interesaba, por lo que muy pronto desapareció de nuestras vidas.
Nunca me enojé con un amigo por tema de mujeres. Siempre tuve claro que la decisión la toman ellas y a ellas que había que dirigir el fastidio. Por supuesto que si intentaban soplármela, cosa que creo nunca pasó, tal vez me hubiera mortificado.
El Loco era muy amigo de BS. Jamás le ilustré mi enamoramiento ni le pedí que se hiciera a un lado. Me gustaba esa competencia y creo que a él también.
Su relación con BS iba prosperando a la par de la mía y muchas veces me sentía en desventaja y a punto de perder.
Luego de ese mediodía me entendía único ganador. Groso error, estaba a punto de sufrir la más cruel de las derrotas.
Luego de la pizza, el Filósofo arregló los mates y nos fuimos a la vereda. La noche estaba linda y yo no tenía ganas de dormir. Cada tanto se agregaba alguna de mis hermanas a la mateada. A las 11:30 de la noche ya toda mi casa estaba durmiendo. Nos fuimos a dar una vuelta y llegamos a su casa, no sin antes jugar unos fichines. Allí conversamos un rato con su hermana y el novio y me acosté en un colchón en el piso. Calculo que me dormí a las tres. Cuando me despertó la dueña de casa eran las siete, por lo que me vestí rápido y me fui a casa a buscar las carpetas para ir al colegio. Papá todavía no se había ido así que le pedí que me llevara.
-¿Dónde dormiste? ¡Tenés que avisar! No estaba enojado pero como padre tenía la obligación de reprocharme mi falta de conciencia familiar.
Ya los tenía acostumbrados a las omisiones sobre mi paradero. En general daba señales de vida al menos una vez por día.
Llegué cuarenta minutos tarde, no había problema, por alguna razón el preceptor me tenía cariño y me borraba las tardanzas. Los lunes no tenía la menor idea de las materias a cursar o si había alguna tarea que no hubiera realizado. Si llegaba a horario podía preguntarle al Genio pero en este caso solo contaba con mi capacidad de invención ante alguna consulta inesperada del profesor. Fue una mañana tranquila al menos en lo escolar, ya que no dejé por un minuto de pensar en BS. El Loco me contó que se habían encontrado en la peatonal y luego la acompañó a la casa. No pregunté más, no quería saber nada.
La llamé después de almorzar, me atendió carente de emoción y no quería verme.Continuará....Primera parte
Segunda parte
Extracto de MISERIEDAD® Cruz J. Saubidet
[sexo] [erotismo] [historia] [adolescencia]
erotismo sexo historia adolescencia
22.5.07
El primero de mis amores, Segunda parte
Mi inexperiencia me hacía creer que le había hecho algo malo. La concepción machista nos ha convencido que las mujeres sufren más por amor que los hombres, ¡no es verdad!, Sus heridas se curan como las de los niños, rápido y casi no dejan huellas. Los hombres estamos obligados a no sufrir en esos casos, lo que es un doble trabajo ya que a pesar del dolor, tenemos que aparentar indiferencia. Esto hace más largas las agonías.
-Yo no quería que esto pasara. ¿Que hicimos?
No hacía falta respuesta, el proceso químico de la atracción sexual había explotado en su caso y mi amor desmesurado solo se había dejado llevar. En ningún momento me pareció que no quería.
-¡Que vergüenza!
-¿Por qué?
-No sé, ¡ah que vergüenza!, vamos a la iglesia, me siento muy rara.
-Yo estoy muy contento. Sin duda lo estaba, durante meses había soñado ese momento, no de esa forma, daba igual, la chica que amaba al fin había caído a mis brazos. Que inocente era, en realidad, estaba a punto de perder lo poco que tenía.
Traté de abrazarla mientras volvíamos a la iglesia. –Mejor no- me dijo. Y no me habló más.
La suerte quiso que me hubiera puesto un pantalón negro nevado, por lo que el recuerdo más evidente de aquel momento se confundía con las manchas originales y pasaba casi inadvertido.
-¿No me vas a hablar? Pregunté preocupado.
–Estoy muy confundida, mejor no. ¿Confundida? Yo tenía una claridad atroz y ella confundida.
-Bueno, andá sola, yo me tomo el “13” y me vuelvo si preferís.
–Hacé lo que quieras.
Ofendida parecía, yo ya no entendía nada. Por eso me tomé el colectivo que cruzaba por el puente y con un dejo de tristeza regresé a casa.
Cuando pasé por la cancha de Unión me acordé que jugaba. Me bajé y me metí en la popular. – ¡Viniste Loco! Me dijo el Negro. A los 5 minutos un gol de Toresanni me hizo olvidar un poco el mediodía tan lindo y tan amargo.
Luego del partido nos quedamos un rato festejando la victoria y nos tomamos una gaseosa de litro en el quiosco de la esquina.
–Vamo a lo del Sabalé.
–Vamo.
El Sabalé estaba en misa.
– ¿Vamo a la salida de misa?
–Vamo.
Y conversando del partido caminamos hacia la puerta de la iglesia.
Creo que éramos más los que estábamos en la puerta que los que habían entrado. Comenzaba a hacerse de noche. Cuando concluyó la misa, se nos unió el Loco.
-¿Qué hacemo? Pregunté.
-Vamo a la peatonal.
–Vayan ustedes- dije, los domingos a la noche detestaba la peatonal.
–Me voy a casa. Chau.
Llegué y me lo encontré al Filósofo tomando unos mates con papá.
-¿Hace rato que estás?
-No mucho.
–Dame un Matienzo.
Me tiré en el sillón y disfruté del silencio de la conversación que estaban teniendo. Continuará....
Extracto de MISERIEDAD® Cruz J. Saubidet[sexo] [erotismo] [historia] [adolescencia]
erotismo sexo historia adolescencia
16.5.07
El primero de mis amores, Primera parte
Llegó una tardecita a casa buscando a mi hermana. Cuando abrí la puerta y me saludó con un beso, me habló bajito y con una dulzura que me encantaron. Venía a hacer un proyecto de clases de catequesis para niños pobres que patrocinaba mi colegio en un barrio cruzando la laguna. Tenía un año más que yo. Me inventé interesado y las ayudé o molesté en lo que pude. Les preparé unos mates y me deleité un par de horas en compañía de la recién llegada. La llamaban BS.
Antes de irse, el padre la esperaba en la puerta, me dijo como al pasar si quería dar catequesis con ella. Hablamos le dije, aunque la decisión ya estaba tomada.
Al otro día me llamó y le expresé que si necesitaba un ayudante estaba dispuesto. Si se trataba de hacer cosas separados no iría.
-Ya hablé con el padre José Antonio y le propuse que me acompañes, dijo que sí. El domingo a las nueve en el amarradero de botes. ¿Nos vemos?
-Por supuesto conteste sin margen de duda.
Bastante alta, flaca, pechos pequeños, cola redonda y un pelo castaño claro que casi le llegaba a la cintura.
Las clases de catequesis me importaban lo mismo que los niños, nada en absoluto, solo quería estar cerca y pasar la mayor cantidad de tiempo con ella.
Me contó que era amiga del Loco lo que me intranquilizó un poco pues era competencia segura. Con el paso del tiempo nuestra amistad nos permitía caminar tomados de la mano y charlas con su cabeza apoyada en mi hombro. Mi enamoramiento era irremediable mas no ceñía la forma de declararle lo que sentía, porque en ese momento yo les creía a las mujeres, y ella afirmaba que no quería novios. Durante mucho tiempo sólo pensé en ella de la forma más pura, soñaba con estar internado en un hospital, que se me acostara al lado, apoyase su cabeza en mi pecho y solo me acaricie. Soñaba con besos llenos de ternura, sin pasión, solo con amor y entrega.
Llegó el último domingo de la temporada, el día que nuestros párvulos tomarían su primera comunión con el agasajo correspondiente.
Llegamos a la isla, reunimos a los niños, tomaron su comunión y se fueron a sus casas. Debíamos esperar a la tarde para la fiesta y nos quedaba un tiempo muerto de tres horas. Previsores, llevamos unos sándwiches, compramos una gaseosa y nos fuimos a la orilla de la laguna, cerca de un montecito deshabitado.
Comimos despacio y disfrutamos de la charla. –Me tendría que cambiar la remera- me avisó, -no mires por favor-. Casi respeto su pedido, pero no pude evitar girar la vista. Tenía un corpiño blanco con unas pequeñas florcitas pintadas, a pesar de lo pequeño de sus pechos se notaban presionados dentro de él. Cuando notó que la miraba me hizo una sonrisa. –Sos chanta-susurró. Yo me sonreí también y le pedí que se quede un rato así, que me encantaba. Ella accedió y yo me recosté posando la cabeza sobre sus piernas. Mi visión era su corpiño y su cara. Mi mano llegó hasta su espalda y empecé a acariciarla con suavidad. Pensé que le había molestado porque hizo un movimiento brusco, la calma posterior me demostró que algunas cosquillitas le producían mis mimos. Miró para abajo y se toparon nuestros ojos.-Como te quiero- susurró. Se agacho un poco y me dio un beso en la frente y otro en la nariz. Yo estaba en el paraíso, ¡gracias Dios por regalarme este momento solo por preparar niños que tal vez sientan algo al comulgar!
Mi mano subió hasta su nuca por debajo de los pelos y la atraje hacia mí sin que opusiera mayor resistencia. Asustado, apoye mis labios en su boca y me quedé inmóvil, eternizando ese momento memorable. No sin sorpresa noté que la abría un poco forzándome a hacer lo mismo y el beso comenzaba a ganar en humedad. Me incorporé sin distanciar nuestras caras, su lengua se estaba metiendo osadamente en mi boca y la mía plagiaba sus movimientos. Mi mano comenzó a jugar con su ombligo a la vez que las suyas subían por mi pierna. Al sentir esas caricias, mi grado de excitación era absoluto. Con miedo y timidez posé mi mano en su pecho y lo acaricié por sobre el corpiño, noté que le gustaba y cada caricia mía acercaba su mano a mi entrepierna.
Nunca jamás me hubiera imaginado que las cosas acaecerían como estaban sucediendo, aquel amor puro con el que soñaba se estaba transformando en la mayor calentura de mi vida. Está bien así. Los besos siguieron y mi mano emprendió el ingreso por debajo del corpiño. Era el primer pezón que tocaba en mi vida. Chico, duro, rico. Su mano y su respiración se agitaban y yo estaba en las nubes. Cuando llegó a mi bragueta y me rozó, acabé. Traté de que no se diera cuenta, creo que no lo logré, tal vez por la presión que mis dedos ejercieron sobre el pezón en ese momento. -¡Me duele! –Perdón.
Se apartó un poco y se puso la remera. La abracé y se resistió. Note que lloraba, supuse que no era de dolor. -¿Que te pasa?- Seguía llorando. Continuará.....
Extracto de MISERIEDAD® Cruz J. Saubidet[sexo] [erotismo] [historia] [adolescencia]
erotismo sexo historia adolescencia
15.2.07
Diálogo sobre sexo, virginidad, machismo y culpas.
Este diálogo surgió en un ómnibus de larga distancia, teníamos 18 años entonces y no sabíamos mucho de la vida, pero queríamos aprender.
CJS:-Lo que pasa es que somos un producto, lo queramos o no, de la educación jesuita, los forros estos, nos han creado una gran facilidad para la culpa, incluso nos sentimos culpables de situaciones que no lo merecen.
EL LOCO:-Tal vez.
CJS:-A ver ¿por qué no cogemos con todas nuestras novias o al menos nos da tanto trabajo?
EL LOCO:-Porque ellas no quieren entregarse, no quieren perder su virginidad.
CJS:-¿Qué no van a querer? Desde que se agarran la primera calentura y se les moja un poquito, lo único que quieren es que se la metan, como nosotros clavarla.
EL FILÓSOFO:-Tal vez, pero tienen muchas represiones que se lo impiden, no te olvides de los padres, la religión.
CJS:-Disculpame, ¡nosotros también!, Hace años que nos vienen diciendo que la paja y las relaciones prematrimoniales son un pecado. Pero no hacemos caso, salvo contadas e improbables excepciones, todos nos hacemos la paja y ninguno se plantea llegar virgen al matrimonio.
EL LOCO:-O sea que los hombres le damos menos bola a las represiones que las minas.
CJS:-O sea que los hombres le damos menos bola a las represiones.
FERNANDA, una chica mendocina, se acercó y se sentó a mi lado.
FERNANDA: -¿De que hablan? Preguntó.
CJS:-De sexo y represiones, nos viene bien que estés. ¿Nos explicás en que consisten las represiones femeninas y por que razón su virginidad es más importante que la nuestra?
FERNANDA: -No sé, ¡fue hace tanto!
EL LOCO:-¿A que edad?
FERNANDA:-diecisiete, un primero de enero.
CJS:-¿Y cuanto tiempo de calentura te aguantaste?
FERNANDA:-Desde la primera vez que me apoyaron el que te dije por los alrededores de la que te dije. Los primeros besos de lengua, tendría quince.
CJS:-¿Y por que tardaste dos años en fifar?
FERNANDA:-Miedo.
EL FILÓSOFO:-¿Miedo a qué?
FERNANDA:-Miedo a que me deje después de eso. Tener a los chicos enganchados con la promesa de que le vas a entregar tu cuerpo, (lo que es gracioso, porque es en la chucha en el único lugar donde no pudieron acceder) te asegura una continuidad en la relación.
CJS:-Y te asegura calenturas atroces.
FERNANDA:-Y, sí, se manejan, por otro lado, aunque lo tratemos de negar, la idea de llegar virgen al matrimonio da vueltas. Es una idea nomás, creo que ninguna se lo plantea realmente en serio, solo ayuda a aguantar un poco más de tiempo las piernas cerradas.
EL FILÓSOFO:-¿Para qué?
FERNANDA:-Prácticamente para nada, es algo tan cultural que no tiene mucha explicación, también está el miedo al dolor de la primera vez y el terror a un embarazo.
EL LOCO:-¿Y es real el dolor?
FERNANDA:-Duele, un poco, bastante, pero es culpa más que nada de la predisposición y la tensión de la primera vez. Pero la segunda duele menos, la tercera poquito y se mezcla con cosquillitas y después es fabuloso.
CJS:-Siguiendo con el tema, digo yo ¿El machismo ¿no tiene nada que ver?
FERNANDA:-También, los hombres disfrutan de la espera.
CJS:-El dolor de huevos no se disfruta.
FERNANDA:-No sé eso, lo que sí sé es que si una chica se encama con un muchacho la primera vez, en el dictamen de ese muchacho va a revolotear la palabra “atorranta” y tal vez encare diferente la relación.
EL FILÓSOFO:-¡Eso es machismo puro!
FERNANDA:-Si, los hombres se hacen los superados y modernos, pero siguen queriendo la exclusividad histórica de las zonas vaginales.
CJS:-Puede ser, me parece que nuestro problema es la comparación, no queremos ser derrotados en eso.
FERNANDA:-¿No se dan cuenta que ese no es un problema?, Al menos que sean un desastre, al ser los últimos siempre hay tiempo de mejorar y probar nuevas cosas.
CJS:-No lo había pensado así, pero tenés razón.
Continuara........
Cruz J. Saubidet®
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23.1.07
Historia de Romina.
-Bueno corazón, ya pasó la noche y parte de este día, creo que llegó el momento de escuchar por que puta razón la historia no terminó de la mejor manera.
-Bueno, saca la mano de ahí así me concentro y te cuento.
Saqué mi mano fingiendo disgusto, me crucé de brazos.
-Soy todo oídos.
-Como te decía, el golpe no había sido para tanto y yo no era una asesina. El problema ahora era Romina.
-¿Romina? ¿Contame como es?
-Romina es una chica medianamente linda, los ojos son su parte más llamativa, de un color a veces verde, a veces marrón claro siempre abiertos y brillosos. Debe medir lo mismo que yo, aunque tiene la espalda más ancha. Sin llegar a gordita, en esa época andaba en el límite pues sus pulpas eran generosas. Muy deportista, el pelo hasta los hombros de un rubio oscuro, no castaño.
-Me está gustando tu amiga, ¿por qué no la invitaste?
-Ya bastante que te comparto con Josefina, si fuéramos tres vos te agrandarías demasiado.
-Es verdad, a parte el físico no me da para tanto. Contesté entre risas.
-Bueno. Después del problema del hockey, me sentí muy agradecida, si no fuera por Romina, no sé como hubiera reaccionado. Nos volvimos muy compinches, pasábamos los recreos juntas, salíamos juntas del colegio, nos encontrábamos todas las tardes, venía a casa o yo a la suya. Con el tiempo me di cuenta que mis relaciones disminuían. De mis amigas del curso solo charlaba con alguna de vez en cuando y ya no salíamos los fines de semana.
Si bien con Romina me sentía muy bien, añoraba un poco a las otras y más aun la frivolidad adolescente que vegetaba en las noches de viernes antes de ir a bailar.
Con Romina salíamos a veces, pero todo era planeado y conversado, pensaba que se sentía responsable de mí, y yo la dejaba. Varias veces tuve que mentirle luego de alguna salida con otras chicas. No porque ella se ofendiera o enojara, sino porque me daba una culpa inefable, recelaba que la haría sentir mal.
Me sentía un poco ahogada, pero por otro lado, la contención que me daba era impagable, más teniendo en cuenta que desde la muerte de mi viejo, me sentía un poco desprotegida.
Un viernes noche, luego de ganarle un partido de Scrabel y tomar muchas cervezas, decidimos ir a dormir. Hacía calor. Como había decidido quedarse sin planearlo, tuvo que llamar a su casa para avisar. Nos metimos en mi cuarto, nos reíamos de cualquier pavada. Pusimos la música bajita y empezamos a bailar. La música era sexy y así era nuestra danza. Meneábamos la cintura y nos agachábamos, estábamos muy divertidas. Romina empezó a jugar con su remera, la iba subiendo despacio al ritmo de la música y sus movimientos eran realmente eróticos. Despacito, se sacó la remera y me la tiró en la cara. Yo hice lo mismo, el jueguito me encantaba. Puso sus dos brazos en su espalda y se desprendió el corpiño, mientras lo hacía, se agachaba y levantaba pegada a mí y me rozaba con sensualidad. Ya me atemorizaba un poco la situación, pero me excitaba bastante, así que la imité. Estábamos las dos en cueros, nuestros pechos se rozaban y bailábamos agarradas de las caderas moviéndolas y agachándonos. Lentamente, casi sin que lo notara, me desprendió los jeans y me bajó el cierre con paciencia infinita. A pesar que nunca me había planteado un momento íntimo de esa magnitud con una chica, no podía evitar sentir esos impulsos eléctricos y agradables que consiguieron humedecerme. Tomándose su tiempo y sin dejar de bailar, me dejo con la bombacha como única prenda. Yo tampoco dejaba de bailar y bajé sus pantalones con una pericia desconocida.
-¡Me estás haciendo calentar!
-Seguíamos bailando y rozándonos, las dos estábamos muy calientes. En un momento, me abrazó por la espalda y empezó a rozar mi cola con su pelvis, a la vez que sus manos bajaban apenas rozándome por mis lolas y mi ombligo. Luego tomó mi bombacha y la deslizó sin apuro hasta mis rodillas, con un par de movimientos me deshice de ella y para emparejar la situación, con el dedo gordo de un pie, baje la suya hasta el suelo.
La situación era contradictoria, por un lado me encantaba el jueguito y estaba totalmente erotizada con sus movimientos y caricias y por otro, no tenía nada de ganas de que me besara, me daba impresión ser besada por otra mina. Creo que se dio cuenta, pues sus ósculos nunca llegaron a mi boca, aunque recorrieron todo mi cuerpo de una forma maravillosa. Jugamos por más de una hora ese juego, yo no tenía mucha experiencia en esto de orgasmos, había fifado un par de veces con un novio pero su velocidad y mi incomodidad transformaron la situación en meramente exploratoria. Cuando me llegó el inesperado orgasmo, su fuerza era algo desconocido, me encantó y Romina tuvo el tino de alargarlo una eternidad con la destreza de alguien que conoce del tema.
No sé bien cual es la diferencia, pero el orgasmo entre congéneres es diferente. No puedo afirmar si es más lindo o más feo, pero es probable que sea más desprendido, se siente de verdad que a tu pareja solo le interesa tu goce y cuando llega, no necesitas pensar en ella, porque ella lo está disfrutando tanto como vos.
-Se ve que solo te encamaste con hombres un poco machistas. Le comenté, a la vez que la historia había logrado cambios en mi fisonomía. Dudé entre abalanzarme sobre ella o esperar el final de la historia. La segunda opción me pareció más interesante por el momento, aparte tiempo era lo que sobraba.
-No lo sé, además no fueron tantos, puede ser, me pasa que cuando estoy acabando no puedo abstraerme, sino que pienso si él lo estará disfrutando. Esa noche con Romina, sentía mi orgasmo como un regalo que le hacía, convencida del regocijo que le provocaría. Pero como ya te dije, no quería besos, ni tampoco incursionar en sus intimidades, por lo que se las tuvo que arreglar medio sola para llegar al final, yo solo la acompañaba y acariciaba, pero no me gustaba la idea de ir más allá de las caricias sobre la piel. Por la cara de Romina, se notaba que estaba feliz y por qué negarlo, había logrado que yo la pasara de maravilla. Nos quedamos dormidas desnudas y abrazadas, por suerte me desperté antes de la madrugada y me cambié de cama, no se que hubiera dicho mi madre si nos encontraba en ese estado.
No levantamos el sábado casi al mediodía, con una resaca que no era alcohólica y, en mi caso, con una decisión que tomar. Me llevó una semana tomarla y no sé si fue la correcta. Tal vez no hubiese sido necesario alejarme así de Romina, pero fue lo que me salió en ese momento. La empecé a esquivar en los recreos, me iba rápido del colegio dejándola rezagada y hasta me hacía negar por teléfono. Volví poco a poco con mis antiguas amigas y hasta Marta formó parte de las salidas los viernes a la noche. Desde ya que nos seguíamos viendo a diario, pero el diálogo se tornó escueto y banal. Contra mis pronósticos, en ningún momento Romina me reprochó la actitud, solo me dijo “cuando quieras buscame”. Quise muchas veces, pero el recuerdo de esa noche agradable me provocaba mucho miedo. Así fue como perdí a mi amiga más incondicional, de miedosa nomás.
Me la encontré unos días antes de venir y tomamos un café, está muy bien, estudia cine en Buenos Aires y tiene una novia que la trata muy bien, trabajan juntas en una productora. A veces la extraño, pero no la cambiaría jamás por una noche como la de anoche.
Cruz J. Saubidet®
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15.11.06
En el paraíso, 1º parte
Fuego había. Se distinguía con claridad el fulgor en la noche oscura. Desde lejos reparamos en ello. Cruzamos el arroyo sin problema. El agua no era helada, era linda, el cuerpo no se estremecía con el contacto. Casi llegando a la orilla, trastabilló mi amiga y se hundió por completo. Emergió muerta de risa y empapada. Sin dudarlo se sacó la remera, la escurrió y la apoyó en una piedra de la orilla.
También me reía, nada más que de su risa tan franca. Linda risa, a pesar de que casi no la veía, podía imaginarme sus arruguitas al costado de los ojos y su boca grande abierta de par en par. En la misma trampa caí yo y emergí todo mojado, imitándola escurrí mi camisa y la apoyé junto a su remera.
Yo en cuero, ella en corpiño, llegamos abrazados junto al fuego. No necesitábamos calor, pero siempre es lindo mirar como se quema la leña. Una olla tapada hervía como queriendo expulsar su cubierta. No pude evitar quitar la tapa y allí estaba la trucha, cortada en pedazos dentro de una salsa de tomate o algo por el estilo.
Del cocinero o la cocinera no se escuchaba nada. Silbé fuerte y extenso, como llamándolos. Nada.
-¡Chiccoooos! Gritó por fin la chica con nombre de vieja.
-¡Acaaaa, en el agua, vengan! Escuchamos claro aunque bajito.
Saqué la olla del fuego y emprendimos la marcha aguas arriba, no sin antes cortar sendos trozos de pan para apalear un poco el apetito.
El camino fue un persistente alejarnos y acercarnos a la orilla, había más árboles a medida que subíamos y debíamos esquivarlos. Por las voces descubrimos la cercanía. Allí estaban los dos, dentro del agua y nadando como patos.
Se veía poco, pero con la ayuda de los sonidos se podía apreciar que la estaban pasando muy bien.
-¿Está linda?
-¡Espectacular! Vengan, métanse. Invitó Josefina.
El Camiseta nadaba de un lado a otro. Cantaba el estribillo de una canción de Fito Páez y parecía fuera de este mundo. Iba y venía de una punta a la otra de la pileta natural, Josefina estaba en el medio y hacía la plancha. No se distinguían más que sombras, pero los sonidos eran muy puros.
-¿Vamos, que esperan?
Me saqué la bermuda y me zambullí de manera inconsciente. No se me ocurrió la posibilidad de una orilla playa o alguna piedra filosa. Solo me lancé a las garras del agua. Fresca, sin llegar a estar fría, incluso menos que en la zambullida anterior. Sabia, la naturaleza, había creado una pileta natural de interesantes proporciones. El fondo no estaba lejos, no más de dos metros, el ancho, el del arroyo y unos diez metros de largo. Y toda nuestra, de sus conquistadores. En una de sus puntas, unas piedras formaban especies de bancos. Allí me senté, con el agua encima del ombligo y una paz que nunca había imaginado. En general solía bañarme en la pileta del campo por las noches pero la sensación era muy diferente. Existía siempre una pequeña desconfianza por la presencia de víboras u otros bichos, la posibilidad de un calambre o la sensación de soledad. Lo que me molestaba de la soledad, era nada más que la imposibilidad de ser salvado ante la posibilidad de morirme, acá no la sentía, no la había sentido en la soledad del arroyo mellizo ni en la caminata solitaria por los campos. Este lugar dibujaba una sonrisa en mi boca y me daba una sensación de absoluta saciedad. Los cuatro teníamos el mismo síntoma, parecíamos medio bobos, unos chapoteando, otros mirando las estrellas, otros relajados con el agua acariciando el cuerpo.
Josefina se sentó a descansar a mi lado, por la sombra noté que no traía ropa.
-¿Y tu ropa?
-¿Vos estás vestido?
-En calzoncillos nada más.
-¿Cómo se te ocurre meterte al paraíso con la ropa puesta? Ya mismo sácatelo.
-Como usted mande patrón. Obedecí a la petisa y nadé hasta la orilla para dejar mi última prenda.
-Ya está corazón, ya me tenés como querías.
Volví a sentarme junto a Josefina. Me la imaginaba desnuda y mi cuerpo se enteraba. Le pase la mano por la espalda y se me acercó hasta quedar bien pegados. Bajé la mano hasta su cintura y luego acaricié sus caderas y seguí por sus piernas.
Me abrazó con fuerza y me propinó unos besos apasionados, luego se sentó sobre mis piernas, quedando enfrentados primero y fusionados perfectamente luego de un par de movimientos.
-No te muevas, dejame a mí. Me susurró al oído entre respiraciones agitadas. Se movía con suavidad, no tenía ningún apuro. Apoyé mi espalda sobre el respaldo de piedra y la dejé hacer.
La chica con nombre de vieja se había sentado a nuestro lado, no emitía sonido alguno. El Camiseta la imitó.
Si duró poco o mucho aquello, nunca lo sabré, el tiempo no pasaba en el valle. Josefina se batía sobre mí y yo no pensaba en nada, solo sentía. Y sentía lindo, como nunca había sentido, no pensaba en el futuro, ni en el pasado, ni en el paisaje.
Sin salirse, Josefina me abrazó y se quedó dormida sobre mi hombro. Sentía su cuerpo relajado y, acariciándola despacio, la acompañe en su sueño.
Abrí los ojos y era entrado el día. Josefina dormía y pude apreciar sus formas con atención. Mi cuerpo se dio por enterado y concretó una nueva fusión con pocos movimientos. Era yo el que ahora me movía, casi sin esforzarme. Josefina abrió los ojos y apretó con fuerza sus brazos sobre mi cuello. Terminada la sesión, nos zambullimos y nadamos un rato. Luego salimos y nos calzamos nuestras prendas correspondientes.
Teníamos hambre.
Cruz J. Saubidet®23.10.06
Retiro espiritual de silencio- Parte 2
(Recuerdo que antes de casarme, el cura que me dio unas charlas previas, me dijo más o menos lo mismo, pero se quedó sin palabras en cuanto le respondí que tenía un gran conocimiento de las escrituras y respetaba a Cristo como persona, sin embargo, el sentimiento de Fe ciega y dogmática no había podido materializarlo a pesar de los intentos realizados, que los sentimientos no se manejan o deciden. Y de la Iglesia como institución mejor no hablemos demasiado porque tenía una gran cantidad de ejemplos en los que por su mediación y prédica la humanidad había pasado momentos terribles.)
Como conclusión de esa charla me quedó claro que Jesús es lo más grande que hay, que hay que creer en las escrituras y que la Iglesia es la institución por excelencia en función de la bondad y el amor fraterno.
Al final de la parrafada, se nos comunicó que el ayuno era muy bueno para la limpieza espiritual y los que así los deseaban podían quedarse rezando en su claustro durante la cena.
¡Eso si que no!, Pensé con fuerza, ya bastante energía me cuesta estar aquí, en silencio y pensando imposiciones, como para perderme la comida. La comida era una de las mejores partes de los retiros, se comía rico, variado y mucho. Ni borracho iba ayunar. En efecto, no falté a ninguna y, a pesar del silencio y los ojos bajos, las disfruté muchísimo.
Camacho no aparecería el primer día, así que luego de la cena nos mandaron a meditar otra media hora antes del descanso reparador. Supuse que me iba a costar dormir, pero el silencio cansa mucho y caí en las garras del sueño en cuanto apoyé la cabeza en la almohada.
-¡Lucas 5, 13-26, Lucas 5, 13-26, Lucas 5, 13-26!
Sin entender mucho, abrí la Biblia y, seguro de mi olvido, marqué la hoja. Me lavé la cara y los dientes y salí medio atontado al patio, donde, cual ente hipnotizado, comencé a dar vueltas siguiendo al resto. Todos con la Biblia abierta en el mismo lugar y con igual cara de dormidos.
-¡A la capilla, a la capilla, a la capilla! No tengo idea por que razón repetían tres veces cada orden siendo que en el silencio reinante era innecesario. Quiero creer que en el manual de Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola, existe una dispensa que lo sugiere.
Gracias a Dios (que paradoja) no hubo misa, solo la lectura del evangelio y un pequeño sermón en español trunco discursado por el padre Peter SJ. Sacerdote de origen inglés o norte americano, que por cosas de la Compañía, había recaído en el país.
-¡A desayunar, A desayunar, A desayunar!
Excelente, a desayunar, comer como chancho aunque mirando para abajo. Esta vez, como fondo musical para la ocasión, música clásica acompañada por graves y armoniosas palabras cristianas a las que no me fue posible seguirles el hilo.
-¡En diez minutos al salón, en diez minutos al salón, en diez minutos al salón!
Me senté bastante cerca del escritorio principal. Apareció por fin. Gordo, pelado y con una gran cruz en su pecho. No cabía duda que era un tipo importante, una personalidad dentro de la Compañía. Don José Camacho, SJ.
-Buenos días, estoy acá para guiarlos en la meditación de algunos problemas espirituales que, como miembros de la Iglesia y más específicamente de la Compañía de Jesús, deben resolver o al menos encaminar su solución en función de ser buenos cristianos.
¡Una eminencia, que bien habla! Valió la pena venir. Este tipo me va a ayudar mucho. Pensaba con inocencia.
De golpe levantó la voz, hablando casi a los gritos y dando la sensación de locura.
-Los peores males de la humanidad están guiados por dos elementos nocivos e inmundos: ¡LA PORNOGRAFIA Y LA PAJA, USTEDES SON UNOS PAJEROS!!
Está bien, tiene razón, pero si el padre Antunez pone tan poca penitencia no debe ser para tanto. Meditaba yo a la vez que escuchaba los gritos de mi guía espiritual.
Y siguió largos minutos criticando la paja en todas sus formas y puteando contra la pornografía.
No recuerdo que bestialidad dijo, yo me sonreí e hice un sonido con la nariz. Me miró enfurecido.
-De que se ríe. ¿Usted es pajero?
Asentí con la cabeza.
Se descolgó la cruz del pecho y la tiró con violencia al piso, a mis pies.
-¡Esto le hacen a Jesús con cada paja!!
No me reí más en todo el retiro. A partir de ahí comencé a dudar de la cordura del afamado Camacho, tal vez de joven había sido un maestro de la meditación, ahora me parecía nada más que un pelotudo.
El tipo se pasó todo el día tratando de insuflarnos a presión en la cabeza lo terrible y degradante del onanismo y la pornografía.
Luego un maestrillo nos dio una charlita teórica donde nos aseguraba que al nacer teníamos 500 cartuchos, llámense eyaculaciones, y que si las gastábamos en pajas, cuando las necesitemos para procrear ya no las íbamos a tener. Yo estaba maravillado por el grado de huevadas que decían tanto Camacho como el otro imbécil y esperaba alguna parte que hiciera que valga la pena haber ido.
En ningún momento meditamos sobre la relación con nuestros padres y hermanos, sobre drogas, sobre tristezas o depresiones, sobre el sexo entre parejas o el amor si no es molestia. Me hubiera encantado tratar esos temas, tan imprescindibles e importantes para los adolescentes. Pero no, el dúo pornografía y paja fueron los reyes de esos inútiles tres días.
Mientras duró el retiro no me toqué y en algún momento me propuse abandonarla, pero no lo hice del todo convencido.
Lo positivo, luego de esos tres días, era que había podido mantenerme silente. Eso me daba una especie de orgullo.
-¡Pueden hablar, Pueden hablar, Pueden hablar!
Anunció el maestrillo unos minutos antes de la última merienda.
No fue para nada automático, todos empezamos a modular en silencio y, salvo algún que otro corto comentario, la merienda de despedida fue silenciosa. En el colectivo de vuelta me dormí.
Al llegar a casa me sentía un poco más bueno. No me duró demasiado, a la noche me preparé un baño de inmersión. Al vérmela flotando inerte en el agua transparente, no pude evitar hacerle unos mimitos, una bienvenida después de tres días de abandono.
Cruz J. Saubidet®2006Retiro espiritual de silencio- Parte 1
Todo me parecía más problemático que la realidad. Mis reacciones ante los mandatos de la autoridad seguían inalterables. Cada palabra que pronunciaba un cura me significaba un error. ¿Que puede saber este? Pensaba mientras me hablaban de como querían que sea o me comporte. Mis visitas a la vice-dirección y las conversaciones con esa señora pintarrajeada derivaron en entrevistas con el director; señor de mediana edad, peinado para atrás, con aire chupacirios y deshonestidades comprobadas en un futuro no muy lejano.
-¿Que hacemos con vos? Me preguntaba con cara de circunstancia.
-Nada- Contestaba mirandolo a los ojos.
-Vas a tener que mejorar un poco la conducta, de lo contrario vendrán sanciones y amonestaciones.
Yo no me portaba mal, en los cinco años nunca me pusieron amonestaciones. Lo que enervaba a los directivos y curas era mi falta de respeto y des-temor a la autoridad. ¿Por que razón, iba a la oficina del rector y no mostraba preocupación alguna? ¿Por que le contestaba tan mal y con tanta indiferencia a los maestrillos que osaban reprenderme? ¿Por que le dije “Cerrá el culo” al padre José Luis?
El padre José Luis todavía era maestrillo, o sea que solo había hecho los votos de soberbia y castidad jesuítico y le faltaban algunos para recibirse de cura.
-Me salió, seguramente me dijo alguna pavada.
Contesté al director a la vez que lo imaginaba firmando mi acta de defunción.
Nada de eso pasó, yo seguí en el colegio porque era simpático y me defendía en todas las materias. No tengo dudas que les hubiera gustado echarme pero nunca les proporcioné motivos suficientes. Lo hubieran hecho en primer año si me hubiese llevado más materias; no fue así, ni lo fue en años posteriores.
Siempre me amenazaban con que no iría al viaje anual mas nunca me lo perdí. Cada año me afirmaban que como favor y con la promesa de buen comportamiento me dejaban ir con ellos.
-¿Vas al retiro? Pregunté al Genio.
-No, boludo, no tengo nada de ganas, a parte sabés que no me interesa mucho esto de la religión. Todavía no sé para qué mierda tomé la comunión.
-¿Y vos Filósofo?
-No, voy a aprovechar estos días y me voy con mi hermana a Uruguay, a la estancia La Aurora, a ver cosas raras.
El Loco había ejercido sobre el Filósofo una atracción hacia las cosas ocultas, extrañas o extraterrestres. La estancia “La Aurora” era un lugar donde, al igual que el cerro Uritorco, aseguraban se concebían contactos con extraterrestres.
El Loco y el Sabalé irían, la verdad era que no me importaba compartir el retiro con mis amigos, lo que quería saber era lo que perdería en esos días de ausencia.
Ejercicios espirituales de silencio absoluto,
3 días, 2noches,
Coordinado por José Camacho SJ.
Este tipo, Camacho, presumía ser una eminencia en la institución creada por San Ignacio de Loyola, habría que verlo actuar y reconsiderar lo que significa una eminencia para los jesuitas.
Salimos en dos colectivos repletos, luego de una hora y media, llegamos a una especie de fortificación de paredes altísimas. Los transportes entraron por los portones gigantes y en cuanto bajamos, antes de instalarnos, nos anunciaron el comienzo del silencio.
Esta vez lo voy a respetar, me prometí. El año anterior no lo logré y me mandaron a casa en menos de 24 horas. Este año, dada la eminencia que lo coordinaría, creía que me resultaría más ameno.
Nos instalaron en habitaciones individuales con baño, una ventana minúscula era el único contacto con el patio gigante del centro del convento. Todo estaba muy pulcro y hasta bonito. En la mesa de luz, sola, una Biblia.
-Juan 3, 25-33, Juan 3, 25-33, Juan 3, 25-33
Porque soy inteligente agarré la Biblia y busqué Juan 3,25-33.
-Misa en 5 minutos, Misa en 5 minutos, Misa en 5 minutos
Era increíble como en el silencio absoluto los mensajes llegaban tan claros.
En silencio y con cara de penitentes, fuimos a la misa que como todas, fue aburrida.
Pude apreciar luego que los curas habían aprovechado ese momento para revisar uno por uno los equipajes que llevábamos, en busca de pornografía y bebidas alcohólicas. Me parecía impensable llevar esos elementos a un retiro, quedé sorprendido al enterarme de la buena cantidad de confiscaciones realizadas.
-Los que se quieran confesar pueden anotarse en la lista del padre Antunez y los llamaremos por orden.
Consideré razonable una confesión previa a la limpieza espiritual y por otro lado el padre Antunez era muy benévolo para con los pecados impuros. Castigaba a razón de un padre nuestro y un Ave María cada dos o tres pajas (dependía del tiempo transcurrido desde la última confesión) y la puteadas y desobediencias familiares casi no las registraba. Le gustaba hurgar en los actos impuros. Con seriedad preguntaba: ¿Cuántas veces te has masturbado?, ¿Utilizaste alguna revista o película?, ¿Pensabas en alguna mujer en especial? Creo que se divertía mucho con los pecados adolescentes y por otro lado su fama de indulgente lo precedía.
Luego de la misa, nos enviaron a meditar a nuestros dormitorios sobre un texto de San Ignacio. No lo medité, lo leí y me tiré en la cama a mirar el techo. Estaba en el auge de mi observación techística cuando abrieron mi puerta con violencia y me anunciaron el turno de confesión, no sin antes reprenderme por no arrodillarme, sentarme o acostarme boca abajo en el piso en el momento de meditación. Tomándome al pié de la letra el silencio impuesto, solo hice un ademán afirmativo con la cabeza y me dedique a seguir al maestrillo hasta el confesionario. Con Antúnez todo salió como esperaba y luego de las oraciones correspondientes a la penitencia, me sumé a la fila de muchachos que leíamos un texto dando vueltas a paso cansino alrededor del enorme patio.
Trataba de concentrarme en la lectura, no había caso, mi mente desvariaba hacia otros lugares y situaciones. Era una exageración hacernos meditar treinta minutos sobre un tema que carecía de interés. Por fin pasó la media hora y marchamos a un salón donde nos hicieron sentar.
Un maestrillo se puso al frente y con voz pausada y solemne nos enseñó de qué forma había que amar a Cristo y a la Iglesia. En conclusión, la forma más práctica era leer las escrituras, entenderlas y creerlas; respetar los dogmas de la Fe y reconocer las maravillas que hizo la Iglesia en pos de la humanidad.
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Cruz J Saubidet®2006